La espiral insana

12/Ene/2015

El País, Juan Oribe Stemmer

La espiral insana

El atentado contra la
redacción del semanario satírico Charli Hebdo fue seguido, poco después por
otro ataque terrorista. Una persona, que estaría vinculada en alguna forma a
quienes cometieron el primer atentado, atacó una tienda y tomó numerosos
rehenes.
La policía finalmente
tomó por asalto los dos lugares y mató a los tres terroristas. En la tienda
también resultaron muertos varios rehenes. Terminó así, trágicamente, el
episodio concreto pero ahora queda lo más difícil: establecer una estrategia
para prevenir que se repitan episodios de este tipo. No será una empresa fácil.
El momento para atacar el
semanario fue bien elegido: cuando los periodistas tenían su reunión semanal.
Murieron una docena de personas y fueron heridas otras once. Los atacantes
fueron dos hermanos, uno de 34 años de edad y otro de 32, ambos nacidos en
Francia. El más joven se acercó a los predicadores islámicos más extremistas,
en París y estuvo envuelto en una organización clandestina que se dedicaba a
enviar militantes islámicos que deseaban participar en el yihad en Irak, entre
los años 2004 y 2006. Por ello fue procesado por la justicia francesa y fue
condenado a un año y medio de prisión.
Los dos hermanos formaban
parte de una célula fundamentalista con ramificaciones en Irak y en Túnez y
vinculada a Al Quaeda. Todo muy difuso, pero, entonces, la fortaleza, y
capacidad de supervivencia de esa organización, radica en que no es una
organización con una estructura rígida (y vulnerable) sino una corriente
descentralizada y cambiante.
La guerra de Irak y la
crisis de Siria han mutado en algo mucho más virulento: el ISIS y su exitosa
campaña militar. Estudios recientes estiman que aproximadamente 12.000
voluntarios provenientes de 74 países han convergido en Siria e Iraq y que
muchos de ellos combaten en las filas de ISIS. Los servicios de inteligencia
están preocupados por la posibilidad de que los jóvenes yihadistas nacidos en
Francia y otros países europeos que han viajado a Siria o Irak, y que
adquirieron entrenamiento y experiencia militar en esos campos de batalla,
retornen en algún momento a sus países de origen para continuar allí su campaña
terrorista.
Sin embargo, el ataque
contra Charli Hebdo, concluye Le Monde, fue ejecutado por militantes de la
vieja guardia motivados por la guerra de Irak y, que, se pensaba se habían
tranquilizado (assagie) con el tiempo. No ha sido así.
El terrorista sabe que no
tiene la capacidad para destruir directamente una sociedad democrática. También
es consciente de que sus principales enemigos son la tolerancia y las
libertades de pensamiento y de expresión. Por esos motivos utiliza un
instrumento indirecto, el terror, para generar una espiral de acciones y
reacciones cada vez más violentas que acentúen el miedo, el odio, la censura y
la intolerancia. Su fin es dividir y radicalizar la sociedad para, finalmente,
imponerle su voluntad.
El atentado contra Charli
Hebdo revela que el objetivo de los terroristas no era defender una determinada
religión, sino agredir las libertades de pensamiento y de expresión. Para el
terrorista, como lo demuestran las acciones de ISIS en Irak, el enemigo son
todas las personas que desean vivir en sociedades democráticas y tolerantes,
cualquiera sea su religión.